martes, 6 de diciembre de 2016

TU HAMBRE PUEDE SER EMOCIONAL, COMO DISTINGUIRLA

Nuestro cuerpo nos engaña en muchas ocasiones y el primer paso para lograr una vida sana es saber escucharlo y entender lo que realmente nos está pidiendo. 


A menudo cuando creemos tener hambre estamos en realidad intentando cubrir una necesidad emocional y no fisiológica: en el 90% de los casos el hambre es mental, somos comedores emocionales.



Existe un dicho popular según el cual "Somos lo que comemos". Yo me atrevería incluso a decir que también "Comemos lo que sentimos" . 
Muchísimas veces, el estrés, el ansia, las preocupaciones por lo que será, mandan señales de inquietud a nuestro cerebro que las interpreta como hambre.


El ser humano es incapaz de controlar sus emociones de una forma racional, e intenta dominarlas comiendo. Mi consejo es que cuando estés aburrido, estresado y te entra una repentina ganas de comer, vayas a dar un paseo, salgas de casa, empieces alguna actividad - no importa cual.
De esta manera estarás 
liberando tu mente de todos aquellos pensamientos y estados emocionales que te llevan a comer sin realmente tener hambre. 


Si quieres controlar el hambre lo primero es aprender a distinguir entre hambre emocional y hambre física. 






Cuando el hambre es asociada a algún trastorno emocional, a un estado de alteración de nuestros sentimientos, notamos un fuerte deseo de masticar y empezamos a tragar saliva y a tener pensamientos obsesivos sobre la comida. Pensamos, en la mayoría de estos casos, en todos aquellos alimentos peligrosos para nuestra salud, alimentos procesados o con mucha grasa y aceites (una pizza, una hamburguesa, unos churros con chocolate, etc...). Éstas son todas señales de hambre emocional, no real o fisiológica. 

Para controlar los fuertes deseos de comer alimentos poco saludable, una técnica que funciona perfectamente es la de asociación de ideas. Si te entran ganas de comer pizza, perritos, grasas malas, etc, debes asociar la ingesta de esta comida con los efectos dañinos para tu salud. Quizás no lo logres en el primer intento, pero con el paso del tiempo tu cerebro no te pedirá más este tipo de comida, porque cada vez que tengas ganas de alimentos poco saludables, tu cuerpo los asociará a algo negativo y los rechazará. 


Debemos asociar la ingesta de alimentos malos con consecuencias malas para que, poco a poco, nuestra mente deje de engañarnos. Se trata en definitiva de curar nuestras emociones, distraer nuestra mente y liberarla del estrés y de las preocupaciones del día a día. 


La práctica de deporte (aunque sea una actividad suave y moderada) nos ayuda en esta tarea. Yo era también una persona ansiosa que comía por estrés y aburrimiento, y he conseguido controlar estos impulsos gracias a la práctica del yoga, una disciplina que os aconsejo. 
El yoga te enseña a concentrarte en el momento presente, a disfrutar del "aquí y ahora" sin pensar en lo que será. Esto hace que vivamos plenamente el momento presente sin agobios ni estrés.


Una vez sepamos distinguir el hambre emocional, debemos ahora aprender a reconocer el hambre física. 



Mientras que el hambre emocional se siente por la boca, la fisiológica la notamos por el estómago, donde se concentra un leve dolor acompañado por un fuerte sentimiento de vacío. Y en estos casos nuestro cuerpo (que es muy inteligente) nos pide comida saludable, como por ejemplo un plato de pescado con verduras.

¡Escucha a tu cuerpo y mímalo mucho! Y si necesita más consejos, no dudes en contactar conmigo.

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